RECOMENDANOS con un click: Derecho Constitucional - Domingo Rondina - Dando cátedra: junio 2009

Acerca del Constitucionalista

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Santa Fe, Santa Fe, Argentina
Abogado con veleidades de constitucionalista y literato. Aprendiz de mucho, oficial de nada. Librepensador me educó mi padre... Mi CV aquí http://www.domingorondina.com.ar/1999/10/cv.html

Binner, el mesiánico secuestrador decepcionado



Bastó una elección perdida, para que a Binner le secuestren la vocación democrática, y aún no pagó el rescate...
El Gobernador de la Provincia de Santa Fe, máxima autoridad institucional de los santafesinos, comentando la amplia victoria del Senador Reutemann en la ciudad de Santa Fe, dijo en medios rosarinos que los electores de la ciudad capital sufrían el ‘síndrome de Estocolmo’.
La frase, que alguna vez tuvo una fragancia intelectual, sociológica, hoy ya es un lugar común y generalmente es mal utilizada. Alude a estudios hechos sobre un grupo de víctimas de un largo secuestro en la ciudad sueca que, en sus finales, habían desarrollado cierta empatía con sus secuestradores, se encontraban identificados con ellos, cuando no enamorados.
Ello porque Reutemann ganó por más de 20% en la ciudad capital de la Provincia.
El Gobernador de la Provincia de Santa Fe simboliza así su incomprensión de la selección de candidatos que hicieron los ciudadanos de La Capital, apoyando a quien Binner considera el culpable de todas las desgracias que sufre la ciudad capital, en particular, de la inundación de 2003. Nos está diciendo que Reutemann es un delincuente al que, producto de nuestra enfermedad mental, queremos.
La Constitución Nacional establece ya en su primer artículo que el sistema de gobierno es representativo, esto implica que los gobernantes sólo cuentan como mandatarios, como ejecutores, de la soberana voluntad del pueblo. Y su artículo 5º exige a las provincias respetar este principio inalienable.
Y nuestra Constitución provincial, en su artículo 1, establece el mismo principio de representatividad.
Lo contrario es que los gobernantes se crean seres con facultades especiales, marcianos de la sabiduría institucional, y una clase diferente a la del pueblo liso y llano al que deberían obedecer. Son conceptos prerrepublicanos, propios de las monarquías.
El que esto escribe no simpatiza personalmente con el Senador Reutemann, ni con su entorno. Pero, a diferencia del Gobernador Binner, tenemos una absoluta devoción por la voz del pueblo.
Y, contrariamente al Gobernador, pensamos que el pueblo, cuando habla, no se equivoca. Y que ‘vox populi, vox dei’.
Binner en cambio, cree que cuando la gente no vota a sus candidatos, o no comparte lo que él cree mejor para los demás, es porque la gente está enferma.
En el mundo maniqueo y ombliguista que comparte con Elisa Carrió, ve toda la verdad y toda la honestidad de su lado, donde con sus aliados de la Franja Morada gobiernan perfectamente y son los buenos. Del otro lado no hay gente que piensa distinto, no hay adversarios políticos: hay enfermos y delincuentes.
Es en estas situaciones, cuando los resultados electorales no son favorables, donde se ven los verdaderos demócratas. Y en esa vocación democrática, como en tantas otras cosas en las que esperábamos cambios progresistas, este gobierno ‘socialista’ está dejando mucho que desear.
Lo que no podemos dejar de señalar quienes luchamos cada día por más y mejor democracia, por instituciones más sólidas, por dirigentes más respetuosos y capacitados, es que no puede acusarse al pueblo de tonto cuando le da la espalda a un proyecto.
Es el mismo Gobernador que decía que había que reformar la Constitución Provincial para establecer mecanismos más frecuentes de participación popular, de democracia semidirecta, como son la consulta popular (el referéndum, el plebiscito), la iniciativa popular, etc. Vale dudar de la honesta intención del Gobernador siendo que, en una simple elección legislativa, al verse derrotado, desconfía de la inteligencia de los electores ¿realmente querría someter a votación decisiones de su gobierno?
Nosotros creemos que la gente cuando vota nunca se equivoca. Y si se equivoca, como es el mismo pueblo quien recibirá los beneficios o los perjuicios de su propia decisión, nada puede cuestionársele. Binner, con sus prejuicios iluministas cree que el pueblo sí se equivoca y que él es su víctima, o –peor aún- quien debería evitar que se sigan cometiendo errores. Eso, porque Binner no sería un ciudadano más, sino un mesías decepcionado.
¿No admite el Gobernador Binner que quizás los santafesinos, sabiendo todo lo malo de Reutemann, lo prefirieron antes que al proyecto ‘socialista’? ¿Qué quizás los santafesinos creen que Binner es peor que Reutemann? ¿Por qué los políticos sólo pueden hacer análisis tan pueriles, tan egocéntricos? ¿No es más fácil decir ‘evidentemente la gente prefirió otro proyecto’? ¿No es más sano aceptar que hay deficiencias de gestión, en la Provincia y -sobre todo- en la ciudad capital que hacen que la gente quiera un cambio? ¿O acaso la gente es inteligente cuando nos vota y estúpida cuando no nos vota?
Esas concepciones, además de mostrar la ignorancia del que las enuncia, indican que tiene vocación autoritaria, paternalista, y que –como piensa que la gente se equivoca y él no- en cualquier momento le impone a la gente lo que él cree mejor, aunque la gente no quiera.
Sería bueno que Binner pida disculpas a los ciudadanos santafesinos, no sólo por su lapsus sino por su forma de pensar que se vio súbitamente expuesta, y se comprometa públicamente a aceptar siempre la voluntad de sus representados expresada en las urnas.
Con un gesto humilde pero contundente podrá reparar el menosprecio demostrado a sus conciudadanos, que sólo puede entenderse como expresión apresurada de quien hubiese querido seducir a la ciudadanía, y sólo pudo secuestrarla por un breve tiempo...

Nota bene: tiempo después de este incidente se vieron en Argentina algunos similares.
Pino Solanas diciendo que el gobierno ganaba en las provincias del Noroeste (en el caso, Salta) porque 'las provincias más pobres no se caracterizan por tener la mejor calidad del voto'... 
Y Fito Páez, ante la derrota de Filmus en la Ciudad de Buenos Aires, se refirió a la mitad de la población que había votado a Macri diciendo que 'da asco la mitad de Buenos Aires'...

para todos

Yo quiero ser un héroe

que toda la gente se crea

que sólo tomo vino del peor

que soy un bolchevique

que no me importa el dinero

y que me gusta mucho el rock and roll

(Ratones paranoicos. Ya morí)

Yo también fui testigo


Nuevamente la próvida imaginación kirchnerista, nos sorprende con un cínico pragmatismo que el mismo Carlos Menem seguramente envidia.
Hoy nos propone como candidatos para cargos legislativos a gobernantes que ocupan las primeras magistraturas en sus distritos.
Es absurdo creer que Daniel Scioli puede dejar la gobernación de la Provincia de Buenos Aires para ser diputado nacional. O que un intendente deje su cargo para pasar a ser concejal. Tan increíble resulta que ya lo señala el dicho popular: “el que fue papa, no puede volver a ser obispo”...
La estrategia es repugnante. Pero debemos admitir que no hay suficiente obstáculo constitucional ni legal a estas maniobras. Sería bueno tenerlo en cuenta a la hora de reformar el Código Electoral (de lege ferenda).
Porque las prohibiciones que los sistemas establecen más que demostrar sus temores, demuestran las violaciones que ya vieron cometerse.
La Constitución sólo previó que los ministros no pueden ser senadores ni diputados sin renunciar a su empleo de ministros (art. 105) y que los gobernadores no pueden ser miembros del Congreso en representación de las Provincias que gobiernan (art. 73).
Es que en 1853 no se pensaba en esta migración política interna, que por el escaso avance de las comunicaciones era impensable.
Pero, es cierto, no hay prohibición de ser candidatos, e incluso pueden ser legisladores, si previamente renuncian a su ministerio o a su gobernación.
La otra norma que toca el tema es el artículo 21 inciso 3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos –hoy con jerarquía constitucional- que establece que las elecciones deben ser ‘auténticas’, lo cual no ocurriría cuando quien se postula para un cargo no está dispuesto a asumirlo.
Similares disposiciones con la misma jerarquía se pueden ver en el artículo XX de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre que habla de elecciones ‘genuinas’, en el 23-1-b de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica) y el 25-b del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
Finalmente recordemos que en la Convención Nacional Constituyente Reformadora de 1994 se discutió ampliamente si incluir la intransferibilidad del sufragio como uno de sus caracteres en el artículo 37. Dicha inclusión (que derribaba los sistemas de lemas) fue dejada de lado por Alfonsín a cambio de que se asegurase la obligatoriedad del sufragio (una de sus grandes obsesiones y, a nuestro juicio, uno de sus grandes yerros).
Así podemos dejar en claro que no hay obstáculo formal a las candidaturas ‘testimoniales’ de personas que dicen que no van a asumir un cargo para el cual se presentan.
Es el realismo mágico llevado a la política.
Pero no podemos ocultar el desagrado que estas prácticas nos causan.
En política, como en todas las actividades de la vida, es menester ser honestos. Y presentarse para obtener algo que no deseamos, con el fin oculto (o no tanto) de conseguir votos para otros, es una deshonestidad.
Sólo nos queda desear que los argentinos no convalidemos estas maniobras.
Otra cosa son los cuestionamientos que se hacen basados en la antigüedad de domicilio en el distrito. Ya nos hemos expresado anteriormente contra estas limitaciones que ya no tienen ningún sentido en una Argentina de consolidada práctica unitaria y donde el avance de las comunicaciones nos hace ciudadanos del país más que de un lugar determinado.
Una reflexión final: ningún político argentino puede rasgarse las vestiduras, echar cenizas sobre su tonsurada y testaruda cabeza, ni tirar la primera piedra. Todos cuando hablan de sistemas electorales en lo único que piensan es en el recuento de sus propios porotos.
En esta elección, todos se olvidaron de que tenemos que pensar solamente en elegir los mejores diputados, senadores, concejales, etc.
Todos intentan convencer a los electores que en esta elección se juega el futuro del país, de la provincia, de la ciudad, de los ‘modelos’ que cada ejecutivo dice defender.
Hasta el más ínfimo candidato a concejal, en vez de hablar de sus proyectos como futuro legislador, nos dice que su candidatura es un testimonio de apoyo al gobierno, asuma o no; que debemos votarlo para afianzar el rumbo del ejecutivo, no para que haga algo por sí mismo. Todos plantean que sus elecciones son medios para avalar otros proyectos, no para hacer algo concreto en la función para la que se postulan.
Ellos, con nuestra parva complicidad de electores, van degradando el sistema y llevando a la Argentina -nuevamente- a la descomposición de su sistema representativo como en 2001.
De eso, todos somos testigos.