RECOMENDANOS con un click: Derecho Constitucional - Domingo Rondina - Dando cátedra: EL MAR EL ANCHO MAR

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Santa Fe, Santa Fe, Argentina
Abogado con veleidades de constitucionalista y literato. Aprendiz de mucho, oficial de nada. Librepensador me educó mi padre... Mi CV aquí http://www.domingorondina.com.ar/1999/10/cv.html

EL MAR EL ANCHO MAR

el mar del regreso





JOHN BANVILLE, 'EL MAR'

“No obstante, a pesar de todo mi desconcierto, está la mujer mortal, no la divina, que sigue brillando para mí, aunque sea con un brillo ya empañado, entre las sombras de lo que ya no existe. En mi memoria ella es su propio avatar. ¿Qué es más real, la mujer que se recuesta en la ribera herbosa de mis recuerdos, o la extensión de polvo y médula seca que es toda la tierra y que sigue conteniéndola? Sin duda para los demás ella pervive en otra parte, una figura que se mueve en el museo de cera de la memoria, pero su versión será diferente de la mía, y de la de los demás. De este modo, en las mentes de muchos el uno se ramifica y se dispersa. No dura, no puede, no es inmortalidad. Llevamos a los muertos con nosotros hasta que también morimos, y entonces es a nosotros a quien llevan durante un tiempo, y luego nuestros portadores caen a su vez, y así sucesivamente en todas las generaciones imaginables. Yo recuerdo a Anna, nuestra hija Claire recordará a Anna y me recordará a mí, y luego Claire desaparecerá y otros la recordarán a ella, pero no a nosotros, y eso será nuestra disolución final. Cierto, algo de nosotros permanecerá, una fotografía desvaída, un mechón de su pelo, unas pocas huellas, unos cuantos átomos en el aire de la habitación donde exhalamos nuestro último aliento, y no obstante nada de todo eso será nosotros, lo que somos y lo que fuimos, sino sólo el polvo de los muertos.”

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“Yet for all my disconcertion it is the mortal she, and not the divine, who shines for me still, with however tarnished a gleam, amidst the shadows of what is gone. She is in my memory her own avatar. Which is the more real, the woman reclining on the grassy bank of my recollections, or the strew of dust and dried marrow that is all the earth any longer retains of her? No doubt for others elsewhere she persists, a moving figure in the waxworks of memory, but their version will be different from mine, and from each other’s. Thus in the minds of the many does the one ramify and disperse. It does not last, it cannot, it is not immortality. We carry the dead with us only until we die too, and then it is we who are borne along for a little while, and then our bearers in their turn drop, and so on into the unimaginable generations. I remember Anna, our daughter Claire will remember Anna and remember me, then Claire will be gone and there will be those who remember her but not us, and that will be our final dissolution. True, there will be something of us that will remain, a fading photograph, a lock of hair, a few fingerprints, a sprinkling of atoms in the air of the room where we breathed our last, yet none of this will be us. What we are and were, but only the dust of the dead.”

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